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¿Por qué un vino puede costar mucho más (o menos) que otro?

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 TAGS:undefinedCada cierto tiempo leemos o oímos decir que, en una cata a ciegas, ha habido un vino mucho más económico que "le ha ganado" a uno mucho más caro. Puede ocurrir, claro. Hay algunos vinos de 5€ que, comparativamente, no tienen nada que envidiarle a uno de 20€, aunque no por ello significa que muchos de los vinos que valen 20 o 30 o 100 euros no valgan lo que marca la etiqueta. 

Entonces, ¿tiene siempre la calidad una relación adecuada con el precio? Por ejemplo, un estudio publicado en la primavera de 2008 por el Journal of Wine Economics, donde participaron 506 personas (de las cuales un 12% eran conocedoras de la materia) concluyó que los consumidores no conocedores de la materia valoraban mejor los vinos con precio inferior, mientras que los sí conocedores hacían una mejor relación entre el precio y la calidad del vino. 

Por lo que se podría deducir del estudio, hay algunas cualidades del vino que se valorn mejor si se tiene un mayor conocimiento del vino y que, aunque aportan valor al vino, no son suficientemente valoradas por el consumidor medio. En cambio, si se posee un cierto grado de dominio de la materia, sí se valoran de un modo más objetivo y acorde al precio que tiene. Así, podríamos deducir que, cuanto más expertise se tiene sobre el vino más se aprecian algunas cualidades, sin que ello desmerezca el gusto personal (al final lo más importante es que el vino que te tomes te guste y lo disfrutes). 

Pero, más allá de estudios y conocimientos, y tal y como nos explica David Williams en un artículo publicado recientemente en The Guardianel precio del vino también se explica con cuestiones relativas a los impuestos, el coste de la tierra o el marketing, elementos necesarios todos ellos para que el vino pueda llegar a nuestras mesas.

Para empezar, cuanto más caro es un vino, más grava el impuesto del IVA sobre él y esto, ya de entrada, contribuye a subir el precio. En cambio, si es menos caro, menos grava. Luego está la cuestión del precio de la tierra: en lugares como la Borgoña o la región de Champagne francesas los precios de la tierra son astronómicos, los más caros del mundo con diferencia. Así que esto también se repercute en el precio final del producto. 

Además, no podemos olvidar que hay procesos de elaboración más costosos que otros, que requieren de más manos y más horas y, por tanto, de más inversión. Si un productor selecciona las uvas buenas de las malas antes y durante la cosecha y, además, lo hace manualmente, deberá pagar más que uno que lo haga con cosechadora y a mayor volumen. Y, como consecuencia, se notará en el precio (y muy seguramente en la calidad).

Así que lo más sensato es pensar que la mayor parte de las veces un vino de mayor precio tiene características que aumentan su valor, sin que ello implique que se deban desmerecer los vinos de precios más económicos. Al contrario, lo mejor de todo es ser capaz disfrutar de un vino teniendo en cuenta la ocasión y valorándolo dentro de su gama. Porque... ¿no siempre nos apetece comer caviar, no? Pues lo mismo puede suceder con el vino.

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Imagen: Martin Dubé

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