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Fin del mundo: Las cucarachas beberán cerveza

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Ya lo avisaron los Mayas: el 21 de Diciembre de 2012 es el fin del mundo. Aunque no sabemos cómo, una de las opciones tradicionalmente más populares es la de una explosión atómica. Y sólo faltan 2 meses y 2 días...

¿Y qué queda después de un holocausto nuclear? Hasta ahora la respuesta más común era: las cucarachas. Un estudio de campo demostró, además, que la cerveza puede resistir una explosión nuclear sin cambiar ni tan siquiera su sabor o su gas.

El estudio en cuestión fue llevado a cabo a lo largo de la llamada "Operación teapot" (operación tetera), una serie de pruebas nucleares que se desarrollaron en Nevada, Estados Unidos, destinadas a mejorar el armamento nuclear estadounidense y, al mismo tiempo, de estudiar las tácticas militares más apropiadas y los resultados para la población civil afectada.

Las pruebas se hicieron en 1955, pero muchos de los resultados no fueron publicados, sino que se archivaron para estudios posteriores, o para su uso en informes bélicos. Hasta que hace poco ha sido analizado por distintos historiadores que lo han sacado a la luz pública.

Uno de esos estudios, llamado "Project 32.2a. The Effect of Nuclear Explosions on Commercially Packaged Beverages", buscaba averiguar qué bebidas serían potables después de una explosión nuclear. Hubo varios estudios relacionados específicamente con el agua, pero también se analizaron otras bebidas que se pueden encontrar fácilmente en las ciudades: cervezas y refrescos.

Hay que tener en cuenta que, como dice el estudio original:

"La necesidad de agua para los humanos, especialmente tras un desastre, podría ser inmediata y urgente [...] la cerveza y los refrescos están tan extendidos y disponibles uniformemente en las áreas urbanas que es obvio que podrían servir como una importante fuente de fluidos"

En este estudio se colocaron 3 lotes de distintos envases de cerveza (botellines y latas) a 3 distancias distintas, entre 300 metros y 3 kilómteros y medio de la detonación.

El estudio revela que todas las cervezas estudiadas resultaron potables, tanto las que estaban más cerca -aunque algunas de ellas estallaron en la explosión- como las más alejadas. Y eso tanto en un primer análisis inmediato de campo (¿quién sería el soldado que se atrevió a probarlas?) como en análisis posteriores en distintos laboratorios.

En las pruebas de campo se apreciaba un ligero cambio de sabor en las más cercanas, pero la radiación se encontraba dentro de los mínimos aceptados para usos de emergencia. Pero incluso esas conservaban el gas. Las más lejanas, en cambio, se conservaban perfectamente.

En los estudios realizados en distintos laboratorios, la calificaciones oscilaron entre "calidad comercial" hasta "definitivamente pasada", pero en cualquier caso se consideraban potables y aptas como fuente de fluidos.

El estudio terminaba aconsejando que "en caso que se decidiera, tras una catástrofe nuclear, reanudar la venta de cervezas expuestas a una explosión nuclear, los lotes afectados se deberían revisar antes de volver a vender".

Así que ya sabes, por si estalla la 3ª Guerra Mundial, ¡a comprar cerveza! Hoy te recomendamos 2 de las grandes cervezas de América, en este caso de México y Argentina:

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Coronita, el origen de su forma original de ser bebida se atribuye al ejército estadounidense.

 

 

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Quilmes, la cerveza argentina por excelencia

 

 

 

¿Quieres disfrutar del fin del mundo con cerveza? Aquí tienes una canción para ese momento tan "especial": Atomic Cocktail

 

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