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A los lémures les sienta bien levantar el codo

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Es sabido que algunas especies de animales en ocasiones ingieren alcohol, en forma de frutas y otros alimentos fermentados de forma espontánea en su hábitat natural. Un rasgo este que algunos creíamos reservado a la especie humana pero que compartimos, fundamentalmente, con ciertas especies de primates prosimios como los lémures aye-aye y los loris lentos.

Un estudio realizado por científicos del Dartmouth College en New Hampshire (EE.UU.) ha revelado recientemente, según informa el portal Sciencealert.com, que estas especies de lemúridos muestran, además, una marcada preferencia por los alcoholes de más alta graduación. Los especímenes analizados en el estudio fueron capaces de discriminar entre diferentes concentraciones de alcohol, decantándose normalmente por las más elevadas.

El objetivo de la investigación, pese a lo que puede parecer, no era emborrachar a inocentes animalitos arborícolas, sino averiguar hacia qué tipo de alimentos fermentados se sienten atraídos y comprender mejor la forma en que funciona la digestión de néctares, jugos y frutas fermentados de manera natural.

Según el investigador principal del estudio, Samuel Gochman, “Pese a que la hipótesis dominante es que el alcohol es tóxico, afecta negativamente al control motor, a la supervivencia y a la forma física, las calorías son, sin embargo, escasas en el medio ambiente, y en este caso se trata de una fuente rica en calorías para los primates con alto metabolismo, por lo que puede ser beneficioso nutricionalmente el consumo de cantidades moderadas de alcohol, sobre todo en especies que han desarrollado un sistema digestivo que puede descomponerlo con una alta eficiencia, como es el nuestro”.

El estudio se llevó a cabo ofreciendo a los lémures una solución de sacarosa que simulaba el néctar que pueden encontrar en su hábitat natural, con diferentes concentraciones de alcohol desde el 0,0 hasta el 5,0 %. Los resultados demuestran que los animales se decantan por las soluciones más concentradas, llegando incluso a vaciar los recipientes por completo.

Lo más sorprendente es que ninguno de los “participantes” del estudio mostraron señal alguna de intoxicación durante el experimento, manteniendo sus niveles habituales de coordinación y comportamiento, algo que se puede explicar como una adaptación evolutiva que da apoyo a la idea de que los alimentos fermentados pudieron tener importancia en la dieta de algunos de nuestros ancestros más lejanos.

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