España es uno
de los países del mundo en los que la calidad y variedad del
vino es más
destacada internacionalmente, sobre todo desde que, en las
últimas décadas, los productores locales, las instituciones y las
numerosas denominaciones de origen se han preocupado de cuidar
estos aspectos, tradicionalmente reservados a unas pocas
variedades.
Al margen de los famosos vinos –tintos y blancos- de
Rioja, Ribera del Duero o Penedés, por citar
sólo unas pocas denominaciones, el vino
dulce, generoso o fortificado ha estado siempre
en los lugares de honor entre las variedades más consumidas,
especialmente los de Jerez, gracias al éxito que
éstos han tenido desde hace siglos en las Islas Británicas y
otros países europeos.
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