Ayer leí un comentario al post "Vino y
marketing del vino" en el que Paul dice que Portugal
tiene unos vinos excelentes y pocos
reconocidos. Y como creo que tiene razón, hoy vamos a
tratar de descubrir algo sobre los vinos de
Portugal, el país vecino, tratando de no recurrir al
Oporto, que merece tema aparte.
¿Existe vida más allá de Oporto?
El vino de Portugal
es, sobre todo, heterogéneo. Nada tiene que ver el vinho verde
con el del Alentejo, ni el alvarinho portugués con el gallego, ni
el vino de Madeira con alguna otra
cosa.
En el norte se producen, fundamentalmente,
vinos
blancos, en las riberas del Minho y el Douro (Miño
y Duero), con reminiscencias a los vinos gallegos aunque
sea en el clima y la forma de trabajar la uva. Las variedades de
uva más reconocidas son la Verdelho, Avesso, Moscatel
de Alejandría y la Alvarinho.
Destacan el Vinho verde y el Alvarinho.
La diferencia
más importante entre ambos es el momento de recogida de la uva y
la crianza. El vinho verde es de uva temprana
(de ahí su nombre), buscando un menor grado de alcohol y una
mayor concentración de carbónico natural, por lo que este vino
suele tener algo de aguja, aunque no tanta como esos vinos con
carbónico (añadido artificialmente) que tomamos en España como
vinos verdes. Un ejemplo sería el Quinta do
Ferro Avesso, una joya a bajo precio. El alvarinho, en
cambio, suele proceder de uvas maduras y pasa por barrica, por lo
general, lo que le da un tinte más dorado y un sabor menos meloso
que el del albariño
gallego.
En el centro de Portugal hay
una zona que destaca sobremanera por la calidad de sus vinos tintos.
Es la región del Alentejo. Se está dando a
conocer cada vez más, en parte por la inversión que grandes
bodegas mundiales han hecho en la zona (Chateâu Lafitte fueron
los primeros, hace más de diez años), y en parte porque cada vez
más Portugal se ha
dado cuenta de que no todos los vinos son Oporto.
Un productor de
vinos
en Oporto sabe que su única preocupación debe ser
elaborar buen vino, porque no faltarán compradores que se
acerquen hasta su dominio para comprar. Cuando los productores
alentejanos se dieron cuenta de que para ellos no sería tan
fácil, empezaron a mostrar sus vinos en mercados más abiertos,
empezando por Lisboa y Londres, más receptivos, y ampliando
mercados poco a poco. Existen vinos que han logrado entrar en las
listas de imprescindibles, como Esporao, Quinta do Carmo o
Marques do Barbo, pero en general cualquier
vino alentejano está listo para
sorprendernos muy gratamente. Las uvas más usuales son
la Trincadeira y la Aragones, más conocida en España como
Tempranillo, si
bien produce aromas peculiares en esta región, más aromática, con
más cuerpo, golosa, amplia.
Y queda el sur. Ese sur insular llamado
Madeira. En Madeira
se cultivan infinidad de cepas distintas, algunas exclusivas en
todo el mundo, como la Negra Mole, la Boal, Malvasía,
Verdelho, Sercial y la Terrantez. Son
todos vinos encabezados, es decir, a los que se les ha añadido
alcohol.
Esto se empezó a hacer durante la guerra de los 100
años, entre Francia y Reino
Unido. En Inglaterra se quedaron sin el vinos procedente de la
Borgoña, por culpa de la guerra,
y se tuvo que encontrar alternativas, sobre todo en Jerez,
Oporto y la
misma Madeira. Para que el
vino soportase el largo traslado en barco se decidió
añadirle alcohol como conservante, y esa tradición es la que
desembocó en los vinos especiales que son ahora.
También tienen un particular sabor tostado debido al uso del
fuego para calentar las barricas en las que se crían. Aunque
conocemos el vino para su uso en la elaboración de salsas,
existe vinos de Madeira que
sería sacrílego mezclar en una sartén.
Destaquemos el espectacular Madeira
H&H 15 años.
Y todo esto sin hablar de Oporto...