La primera vez que probé
uno de los vinos de
Alsacia fue en Dinamarca, uno de esos días de
primavera en los que parece que el sol ha llegado para quedarse.
Los campos de flores amarillas, el cielo azul, una copa de
Riesling…
un momento perfecto.
El vino me impactó, la compañía también todo hay que decirlo, y desde ese día ya han pasado ya algunos años y me he vuelto una firme consumidora de vinos blancos de esta región. Son muy fáciles de beber, siempre te aportan lo que esperabas y además son perfectos para acompañar pescados, mariscos y foie gras.
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