En octubre de 2009, Sotheby's subastó en Hong Kong ocho botellas de Château Pétrus cosecha 1982 a 93.007 dólares, y los ojos de los bodegueros e importadores se posaron en el continente. No obstante, la venta de uno de los más reconocidos vinos de Burdeos es tan sólo una anécdota frente lo que representa actualmente Asia como mercado de vinos.
Si hasta el momento Londres era la puerta de entrada a Europa, China es hoy la nación a la que las bodegas exportadoras deben de tocar el timbre. Ciudades como Beijing y otras del interior de China acaban de descubrir esta bebida, pero el país ya se ubica, según estadísticas de la OIV, en el quinto puesto entre los que se dedican a comprar vinos, después de Francia, Italia, Estados Unidos y Alemania, y seguidos por España, Reino Unido y Argentina. Lo interesante es que el consumo de vino entre los chinos crece a un ritmo constante de 12 por ciento al año, frente a 1,4 por ciento del resto de los países del mundo.
A la hora de elegir los vinos que desean tomar, los asiáticos prefieren los tintos y siempre los provenientes del Viejo Mundo. Bien dicen que los mercados más nuevos son los más conservadores. En cambio, al desarrollarse abren el espectro, algo que explica el creciente ingreso al continente de vinos de Chile, Estados Unidos y Australia.