Sicilia es una de las tierras más
genuinamente mediterráneas de Italia, y como tal su agricultura,
desde tiempo inmemorial, resume a la perfección las más puras
esencias de la cultura, el clima y el carácter propio de la isla.
Con unas características físicas ideales para la elaboración,
entre otros, de productos como los cítricos, el aceite de
oliva y, por supuesto, el vino, Sicilia
tiene una tradición de cultivo de viñas que se pierde en la
antigüedad, aunque parece que griegos y fenicios
fueron los encargados, respectivamente de plantar las primeras
cepas en las colinas sicilianas y de comercializarlas por todo el
Mare Nostrum, que encontraron perfectas para ello por su
temperatura suave, por la brisa marina que recorre sus costas y
la gran cantidad de luz solar que aún hoy hace que las uvas
autóctonas sean especialmente indicadas para las distintas
variedades que en ella se cultivan.
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