Vino blanco
con pescado, vino tinto con carne
y vino rosado con
arroces, pizzas y pastas; el cava de aperitivo, el vino
dulce de postre y el vino generoso a
media tarde. Y ya está, ¿no? Pues sí, claro.
Todo aquel que siga estas normas tendrá, por lo general, una experiencia agradable con el vino. Aquellos que dicen que la impresión se acentúa cuando sazonas una anchoa de Toledo con pimentón de Canarias... no lo compro.
El acertar con un maridaje de/para un plato especial es, como todo, cuestión de gustos. Los que disfrutan experimentando, y analizando las sensaciones que produce cada bocado que comen, es normal que busquen el maridaje "perfecto". Es como encontrar el nirvana de la gastronomía, la conjunción terrenal, la llave, que asegura la entrada al palacio del placer.
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