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Cómo eliminar el olor a corcho de los vinos

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El divulgador alimentario norteamericano Harold McGee publicó hace un tiempo en un periódico estadounidense un curioso artículo en que, con su habitual dosis de buen humor a la vez que rigurosidad científica, hablaba sobre el delicado equilibrio organoléptico de los vinos y lo fácilmente que podemos ?estropear? un buen vino según los materiales con el que lo pongamos en contacto. 

El autor, siempre dispuesto a la experimentación, descubrió, por ejemplo, como al contacto con distintos tipos de metal los vinos liberan energía eléctrica, algo que de por sí no tiene ninguna importancia, pero le llevó a idear un curioso sistema para eliminar el olor a corcho que a veces presentan algunas botellas. Existen a tal efecto en el mercado dispositivos que prometen acelerar la aireación del vino, pero que con frecuencia también producen un efecto de pérdida de los sabores y aromas originales. 

Lo cierto es que estos productos suelen ser caros y su efectividad, discutible. Incluso podemos encontrar collares de botella con imanes cuyos fabricantes aseguran que permiten degustar el vino en toda su plenitud inmediatamente, sin necesidad de decantarlo, o discos de cobre con incrustaciones de metales nobles que prometen, en unos segundos, conseguir el mismo efecto que un año de envejecimiento en bodega. 

Con la ayuda de unos amigos especialistas, respectivamente, en química y en enología, McGee realizó algunas catas a ciegas en las que no se pudo comprobar la efectividad real de la mayoría de los dispositivos del mercado, teniendo en cuenta además que hay prácticas tradicionales (como sumergir monedas de cobre en el vino para eliminar aromas indeseados) que cumplen con el mismo cometido a una fracción del coste. 

De hecho, el único truco que resultó efectivo, en este caso para eliminar el desagradable sabor a corcho de algunos vinos, es algo bastante simple: basta con sumergir durante algunos minutos un pedacito de ?film? de plástico alimentario en el vino. La explicación científica es convincente: la molécula responsable del olor a corcho, denominada 2,4,6-tricloroanisol, es muy similar al polietileno, y se adhiere casi instantáneamente al plástico, con lo que al retirarlo, el vino habrá perdido los aromas de corcho. ¿El lado negativo? Muchos otras moléculas aromáticas se perderán también, y el resultado puede ser un vino sin olor a corcho, pero tirando a plano, ácido y alcohólico. Pero aun así bebible.

¿Que vino odiarías que se te estropease? Hoy te recomendamos 2 vinos de los que debes disfrutar en plenitud de condiciones, porque ¡están fantásticos!

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