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El consumo de vino en España sigue bajando

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Mercado del vinoA medida que se elaboran los informes sobre las cifras generales de venta en el mundo del vino, parece que los ingresos generados en el sector empiezan a remontar el vuelo y salir de la crisis.

Pero al mismo tiempo hay un dato, que no es coyuntural, y que es motivo de preocupación para todos los que participan del negocio del vino: los españoles cada vez consumimos menos vino, un dato que lleva años repitiéndose y que hace que volvamos a situarnos, otro año más, en mínimo histórico.

En 2010 el consumo por persona y año en España fue de 18 litros. Hace 30 años, de más de 50. ¿A qué se deben estas cifras?

La idea comúnmente repetida, en todos los foros sobre la cuestión, es que los cambios en la leyes incomodan a los consumidores, que se abstienen de beber en circunstancias en las que antes no tenían mayor inconveniente: restaurantes, bares, estadios,... Ya sea por la prohibición de dispensar alcohol o por el mayor rigor de las leyes de tráfico, es más difícil encontrar el momento en el que el consumo de alcohol no sea problemático.

Ese pensamiento se sustenta en la idea de que el consumo en el hogar se mantiene firme, y el mayor peso de la caída lo absorben los locales públicos.

¿Pero es esa la única y verdadera razón? ¿Factores exógenos? Durante los últimos años la caída, aunque continuada, no resultaba un problema, porque venía acompañada de 2 cifras positivas que compensaban el descenso del consumo: el aumento del gasto por consumidor (bebemos menos pero nos gastamos más, porque adquirimos más calidad), y las mejoras en las cifras de exportación (el vino español empieza a encontrar su verdadero lugar en el mercado mundial). Y las bodegas, dispuestas a explotar esos nuevos nichos, olvidaron que esos datos representaban una realidad: consumir vino es cada vez menos atractivo para el consumidor español.

Porque en los países de nuestro entorno, con un marco jurídico similar, el consumo de vino triplica los números de España. Hay países como Suiza, sin tradición vinícola, donde se beben hasta 42 litros por persona y año.

Incluso dentro de España, estas medidas antialcohol que tanto "afectan" al mercado del vino parece que no suponen un problema para el sector cervecero, uno de sus referentes más cercanos: mientras hoy se toma más cerveza que hace 30 años, el vino se toma casi un 60% menos. ¿A la cerveza no se le aplican las mismas leyes?

Las bodegas han hecho un evidente esfuerzo de modernización desde la década de los 80 en lo que a procesos, cultivos y calidad se refiere, y todo ello manteniendo un nivel de precios aceptable, pero este trabajo no se ha sabido transmitir al consumidor final, que es el que decide en qué se gasta su dinero.

Y es que para el consumidor existen muchas otras alternativas con las que disfrutar de su ocio. Alternativas con las que parecen disfrutar más y con las que no necesitan estar "iniciados" para disfrutar. ¿Qué olfato hay que "educar" para disfrutar de una cerveza fría con los amigos? ¿Qué indicaciones hay que recibir para "catar" un whisky y decidir que te gusta más - o menos - que el que tomabas antes? ¿Están los fabricantes de whisky preocupados en difundir el retrogusto de sus marcas, o en ofrecer una imagen de disfrute y placer?

Una de las alternativas de ocio que más adeptos ha ganado en los último años es la práctica del pádel. Es fácil de jugar, el alquiler de una pista es barato, no hace falta reclutar a un equipo entero, es divertido, no necesita una gran inversión inicial, ni siquiera un curso de aprendizaje... Alquilas una pista, quedas con un amigo, pides una raqueta, y a jugar.

A medida que disfrutas del juego, te esfuerzas por aprender, te compras tu propia raqueta, pides consejo para mejorar tu juego,... Ahora piensa un momento: si para jugar al pádel hiciera falta tomar clases, reservar un estadio, gastarse el dinero en material, y leer un manual sobre los tipos de raquetas y pelotas, ¿se habría desarrollado este deporte como lo ha hecho en España? Rotundamente no. El pádel triunfa porque es accesible a todo el mundo, como lo es la cerveza. ¿Y el vino?

El vino ha tomado el camino opuesto. Las bodegas se han empeñado en ganarse el favor de los entendidos, de los críticos internacionales, de los grandes "connoisseurs", aquellos prescriptores que les ofrecían más garantías de ganar cuota de mercado (aunque cada vez el mercado fuera más pequeño), en lugar de luchar por ampliar ese mercado. Y se han olvidado del que sólo quiere tomarse una copa de algo que le guste, sin pensar en nombres o en tipos de vendimia. Y en esa batalla se ha perdido la oportunidad de hacer del vino algo accesible, al alcance de todos, del que todos pueden disfrutar. Se han perdido miles de posibles consumidores a los que hacer vibrar, en lugar de exigirles respeto por las valoraciones de tal o cual guía.

Los jóvenes de 20 a 30 años, que algún día serán los grandes prescriptores de vino, no tienen el más mínimo interés, por lo general, en comprar vino. Se trata de un snobismo rancio de ricos aburridos. Todos los que amamos el vino entendemos que esa es una impresión errónea, pero, si alguien se está esforzando por cambiarla, sus resultados no están siendo espectaculares, precisamente. No hay frescura en el mundo del vino, no hay originalidad en la publicidad online, ni feedbacks divertidos en televisión. Sólo puntuaciones, notas de cata para expertos y disertaciones sobre terruños y pluviometría. Divertidísimos para el entendido, pero ¿no se pueden establecer otros niveles de comunicación?

Propongamos, simplemente, disfrutar del vino. Propongamos el vino como acompañante ideal de buenos momentos, de ratos de diversión, de experiencias excepcionales, sensuales, entrañables. Dejemos que sea el vino el que hable. Y al que quiera más, le ofrecemos herramientas para aprender. Para seguir el camino. Pero que conocer no sea requisito imprescindible para disfrutar. O seguiremos hablando del pasado.

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Comentarios El consumo de vino en España sigue bajando

Estoy totálmente de acuerdo con este comentario. Me encanta disfrutar de la cata de un buen vino, valorar sus peculiaridades y el placer que transmite su consumo, pero no por ello dejo de entender que, tanto "endiosamiento", lo único que ha conseguido es dar o transmitir la imagen de que el vino, sobre todo el vino de calidad, está reservado solo para unos pocos "entendidos" y que el decir "me gusta" ó "no me gusta" es considerado como algo carente de razón, cuando la realidad cotidiana te muestra que, al fin y al cabo, es el vino el que ha de transmitir y no el consumidor el que se tiene que esforzar en "valorar" y "catalogar" el vino. Pienso que, con los esfuerzos que tanto viticultores, como enólogos y distribuidores estan haciendo en favor de la calidad del vino, tenemos en estos momentos a nuestra disposición los mejores vinos de toda la historia, y es por ello que tenemos que hacer del vino ese elemento gastronómico tan común en nuestra cultura, simplificando las cosas para considerarlas como algo "nuestro" y de consumo cotidiano.



ANTONIO JESUS RUIZ R ANTONIO JESUS RUIZ R 20/01/2012 a las 22:23
Es bastante penoso que el consumo del vio este bajando .Creo que eso se deriva por la economia de la crisis y de que no todo el mundo puea beber una copa de vino por la economia sinceramnte es una pena un saludo
vino vino 14/06/2012 a las 19:37

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