Avisar de contenido inadecuado

Belondrade, mi amor...

Nunca olvidaré la primera vez que probé el Belondrade y Lurton. Fue en febrero o marzo de 2006. El hombre de mi vida –con el que ya no estoy, matizo- me llevó a cenar al Arola Madrid, en el Reina Sofía. Entorno de vanguardia, poca luz, una sala informal, los platos-tapa con los que Sergi levantó su restaurante en el Arts… Y pidió el que dijo que era su blanco favorito. Cuando el sumiller llegó a la mesa con él en la mano toda su cara era una sonrisa: “No saben qué alegría me da que pidan este vino, ya sólo me queda otra botella, tenía cuatro y las otras tres las he vendido, con gran éxito… es magnífico…”.

Lo que no sabía yo era el lío en el que estaba a punto de meterme… Nunca he soportado que nada me controle, ni el tabaco ni la drogas ni… Es que no había conocido el Belondrade… Aquella botella de vino cambió por completo mi gusto por los blancos. Descubrí la fermentación en barrica y unas experiencias sensoriales apasionantes.

Viñedos Belondrade y Lurton

El pasado junio tuve ocasión de compartir una cata de la bodega con Didier Belondrade y entonces terminé de enamorarme de su labor. “El vino es un encuentro”, suele repetir, creo que encontrando las más precisas palabras con las que podríamos definirlo todos los que disfrutamos de este mundo.

BelondradeDidier, que con el aborgoñamiento ha revolucionado la forma de tratar los blancos en España, es la elegancia hecha hombre. Es encantador, amable y cercano. Unos días después tuve el inmenso placer de disfrutar en su bodega de otro encuentro, el que él organiza combinando su pasión por el vino con su pasión por la música clásica. El viento complicó la audición y convirtió los manteles del cóctel posterior en una suerte de fantasmas juguetones, rodeados por sus viñedos, y la tarde-noche terminó siendo una de las veladas más encantadoras de mi vida. Entre Belondrade, Apolonia y Clarisa conocí nuevas caras, algunas de las cuales se convirtieron pronto en buenos amigos.

Así que a quienes aún no hayan tenido el inmenso placer de abandonarse a (¡nunca sólo!) una copa del blanco que más adoro, les sugiero que corran a nuestro www.uvinum.es , donde además lo podrán encontrar a un magnífico precio, y me cuenten la experiencia. Y para ocasiones más ligeras, que nadie pierda de vista las otras opciones de la bodega. Ah, todas con etiquetas preciosas.

  • Belondrade y Lurton. DO Rueda. Blanco fermentado en barrica sobre sus lías, 100% verdejo. Encontrar una añada anterior al 2007 es trabajo de chinos. Si alguien tiene un 2005, por favor, que me llame, yo pongo la comida, aunque según el propio Didier, el Belondrade y Lurton es un vino pensado para conservar en botella hasta 9 años. Me gusta con foies y aves.
  • Quinta Apolonia. DO Vinos de la Tierra de Castilla y León. Blanco, 100% verdejo. Más ligero que el anterior pero con mucha personalidad. Se elabora, en parte, con las primeras selecciones de Belondrade y Lurton. Es divertido. Yo lo tomo chateando, para huir de los blancos más suaves, que no me agradan, sin tener que tirarme a opciones con más madera.
  • Quinta Clarisa. DO Vinos de la Tierra de Castilla y León. Rosado, 100% tempranillo. No es fácil de encontrar, puesto que la producción es pequeña. Es goloso, me gusta también para chatear y, como muchos rosados… ¡con el cocido!

Un beso para Emilio, que eligió para aquella noche aquella botella : )

Ah, enhorabuena a los chicos de Uvinum por el reciente lanzamiento de la tienda británica. Vaya tela… ;D

Y aprovecho para agregar los créditos y agradecimientos de mi foto de presentación como Uviner: a mi amigo Felipe, con el que hubo muchas risas cámara en mano; a mi amigo Héctor, que remató la sesión cuando Felipe tuvo que irse porque a no sé quién se le había estropeado el coche; a la señora que me vendió el albornoz rojo, que dijo que me lo recogería si finalmente no lo usaba (se barajaban diversas opciones); y, por supuesto, a mi adorada Cava de Santa Clara, donde hicimos las fotos, el lugar donde en una ciudad pequeña como León podemos disfrutar de 400 referencias de vino por empeño y amor de Toño, que además me dio permiso para hacer allí lo que me diera la gana.

Álbum de fotos de Belondrade, mi amor...

2 de 2

Ver fotos de Belondrade, mi amor...

Comentarios Belondrade, mi amor...

Me ha encantado cómo has descrito tu encuentro con el vino blanco, Belondrade y Lurton. A mi me pasó algo parecido y ahora casi bebo más blancos que tintos. En la web de L'Excellence he visto otros blancos de origen alsacianos, la uva es riesling, diferente a los borgoñas y a Belondrade pero creo que voy a porbar alguno.
Lucía Puertas Lucía Puertas 09/03/2010 a las 18:11
Gracias, Lucía. El vino es mucho más que algo que beber, es exactamente eso que dice Didier Belondrade, un encuentro: con personas, con una luz, con alimentos, con aromas... con momentos, en definitiva, y todo lo que los compone.

Un amigo mío asegura que la mayoría de los sumilleres tiene, sobre todo, mucha labia. Vamos, que la apreciación de tantos matices como suelen describir no siempre es tanta o tan precisa. Estoy bastante de acuerdo... Pero lo que sí nos sucede a todos los que disfrutamos con el vino, técnicos o aficionados, es esa experiencia sensorial y mental que rodea a una botella, bonita de recordar y de compartir, en este caso, escribiéndola.

Yo también me he aficionado muchísimo a los blancos desde entonces, con mi paladar, eso sí, muy condicionado en favor de la barrica. El otro día comí con un Ossian 2006 (y un sumiller, jaja) que, ¡madre mía...! Y los Riesling me encantan, ¡así que ya me contarás!

Besos.

 

Deja tu comentario Belondrade, mi amor...

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre