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¡Abajo los prejuicios!

 TAGS:undefinedDejémonos de historias. El vino rosado es un vino por sí mismo, aunque parece que en España hemos tardado bastante tiempo en comprenderlo. Sea porque siempre hemos sido más de tintos o sea por lo que sea, podríamos decir que menospreciar el vino rosado ha sido deporte nacional, quizá hasta tal punto que hemos sonrojado a nuestros vecinos franceses -grandes amantes y productores de este tipo de vino-.

Pero, al fin, vamos despertando, y donde veíamos sombras ahora vemos zonas-claras-casi-rosadas. Echémosle un vistazo al asunto.

¡Buaj! Mezcla de blanco y tinto

Para empezar, quien diga que el rosado es una mezcla de blanco y tinto, es que no merece catar ni una sola copa de esta bendición convertida en vino. El rosado se puede elaborar a partir de dos métodos: sangrado y prensado directo.

El método de sangrado ofrece rosados con más color dado que macera con las pieles. ¿Qué pasos sigue? En primer lugar, se despalillan y estrujan las uvas. A continuación, se depositan en una cuba donde las uvas irán soltando su mosto y macerarán con la piel. Una parte de este mosto será extraído y fermentado para mantener aromas y sabores, mientras que la parte “sobrante” seguirá su propio proceso para convertirse en tinto.

Con el prensado directo la cosa va de otra manera. En este método de origen francés las uvas se maceran durante un periodo muy corto y, a continuación, se prensan  directamente con más o menos intensidad en función del color deseado. Como las uvas apenas han estado en contacto con la piel de la uva -que es donde residen los colorantes naturales que dan el color al vino-, el resultado son rosados de tonos muy claros, tipo rosa pálido o salmón.

Uvas… ¿de peor calidad?

A ver, alma de cántaro: ¿cómo van a ser las uvas que se utilizan para el rosado de peor calidad? Lo que se utilizan son uvas tintas: Garnacha, Syrah, Cariñena, Tempranillo, Pinot Noir, Cabernet Sauvignon, Merlot, Cinsault… La calidad de la uva, como en todos los vinos, dependerá del viñedo, del terruño, de la climatología de la añada y de la pericia del viticultor, pero no de la uva en sí misma.

Es más: las bodegas que elaboran rosado apuestan por invertir unas uvas que podrían utilizar en la elaboración de vinos tintos, para el que no existen tantos prejuicios y por los que incluso podrían cobrar más. Visto así, elaborar vinos rosado es un verdadero ejercicio de pasión por parte de las bodegas.

Un vino para no entendidos o, ejem, para mujeres

Siglo XXI. Europa. Quién se atreva a decir que el vino rosado es un vino para mujeres merece, de nuevo, ser despojado de toda posibilidad de volver a tomar una copa de vino para el resto de su vida.

El vino rosado no es un vino para mujeres ni tampoco para personas que no entiendan de vino. Es, simple y llanamente, un vino para disfrutar, sin complejos ni corsés. Y, por si quedan dudas, démonos por enterados: críticos con el prestigio e influencia de Robert Parker o Peñín cada vez incluyen más vinos rosados en sus guías; y no son pocos los restaurantes de prestigio que van incorporando más referencias en sus cuidadas y exclusivas cartas.

No pega ni con cola

El rosado tampoco se salva de la hoguera en el capítulo de maridajes del vino. ¿De dónde hemos sacado esa ridícula idea de que no marida con nada? Ya sea con pasta, con pizzas, con quesos (especialmente de cabra, mmm), con embutidos, con sushi, con postres, con carnes, con guisos… Si quieres maridar el rosado, hay mil y una posibilidades; si quieres tomarlo a modo de aperitivo, lo disfrutarás igual de bien.

En verano y para guiris

No, no hablamos del combo paella & sangría. Seguimos hablando de rosado. Sobre el tema de para guiris, mejor pasar página, pero si tuviéramos que decir algo, sería lo siguiente: si el vino rosado es para guiris es porque en otros países nos llevan unos cuantos años de ventaja en lo que refiere al (buen) gusto hacia este tipo de vino.

Y, en cuanto a que el vino rosado apetece más en verano... Quizá sea una cuestión de lógica. Igual que lo es que el chocolate caliente apetece más en invierno. Eso no significa que el rosado pueda ser apetecible también durante el resto de estaciones del año, sobre todo si tenemos en cuenta con qué lo acompañamos. ¿Por qué no una cena íntima con una tabla de embutidos selectos y una botella de rosé bajo el calor de chimenea en una noche de invierno? ¿O qué tal ese sábado de peli, manta, pizza y copa de rosado? En realidad, el límite lo ponemos nosotros.

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Ramón Bilbao Rosado 2017

 

 

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Imagen: Willy Verhulst

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