El aceite de oliva es una de las bases de la dieta mediterránea, y uno de los productos que más se exporta desde nuestro país. Todos oímos hablar de virgen, virgen extra... pero, ¿Cuál es exactamente la diferencia?
Tras recoger las olivas a finales de otoño, que es cuando por su punto de maduración ofrecen un mayor porcentaje de aceite en su interior (hasta una tercera parte de su peso), las olivas son procesadas para convertirlas en tan preciado producto. De las características de este procesado dependerán la calidad y el tipo del aceite obtenido:
Tras la recolección de las aceitunas se procede a molerlas para que el aceite pueda ser extraído con más facilidad. Esta pasta es a continuación batida, para lograr que las células de las olivan vayan soltando el aceite de su interior.
A continuación llega la fase en que se separa el aceite del resto de componentes de la aceituna: agua, piel y hueso. Esto puede hacerse mediante presión, la forma más tradicional, en el que la pasta es prensada entre capazos de esparto, o mediante el centrifugado, técnica mucho más empleada en la actualidad.
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